Terapia compresiva en pacientes con diabetes: desmontando un mito

La terapia compresiva ha sido durante años una de las herramientas clave en el tratamiento de las úlceras de origen venoso, sin embargo cuando aparece la diabetes en la ecuación es muy frecuente que surjan dudas, inseguridades e incluso que se evite su uso por precaución. Esa idea de que “diabetes y compresión no son compatibles” está bastante extendida, pero la evidencia actual nos obliga a replantearla.

El problema de fondo está en cómo entendemos la fisiopatología del paciente diabético. Sabemos que la diabetes afecta tanto a la microcirculación como a la macrocirculación, con alteraciones en la angiogénesis, un entorno inflamatorio desorganizado y una cicatrización más lenta. Esto ha generado el miedo a que aplicar presión sobre la extremidad pueda comprometer aún más la perfusión tisular, pero ese planteamiento es simplista y no refleja lo que ocurre realmente en la práctica clínica.

La compresión no es solo “apretar una pierna”. Cuando se aplica correctamente produce una serie de efectos muy beneficiosos como la reducción del reflujo venoso, el aumento de la velocidad del flujo sanguíneo, la mejora del drenaje linfático y la disminución del edema. A nivel más profundo también modula la inflamación y, en determinadas condiciones, puede incluso favorecer el flujo arterial en lugar de empeorarlo. Esto cambia completamente la perspectiva.

En el estudio en el que se basa este contenido se analizaron pacientes con úlceras venosas y úlceras mixtas, comparando aquellos con diabetes frente a los que no la tenían. Todos fueron tratados con terapia compresiva adaptada y manejo del componente venoso. Lo interesante es que los resultados mostraron que los tiempos de cicatrización eran muy similares entre ambos grupos, con diferencias pequeñas que además no resultaron estadísticamente significativas. Es decir, la diabetes puede influir ligeramente, pero no cambia el resultado de forma relevante .

Esto tiene una implicación directa en la práctica clínica. La diabetes por sí sola no debería ser un motivo para evitar la compresión. Lo realmente importante es hacer una buena valoración previa del componente arterial, algo que en enfermería y en atención primaria es fundamental. Herramientas como el índice tobillo-brazo o la medición de presiones distales nos permiten saber hasta qué punto es seguro aplicar compresión y con qué intensidad.

Aquí está la clave, no se trata de aplicar o no aplicar compresión, sino de adaptarla. En úlceras venosas puras se pueden utilizar presiones más altas, mientras que en úlceras mixtas es necesario ajustar la compresión a niveles más moderados. La verdadera contraindicación no es la diabetes, sino la isquemia crítica, independientemente de que el paciente sea diabético o no .

Otro aspecto importante es el edema, muchas veces infravalorado. En pacientes diabéticos, la presencia de edema aumenta la distancia entre los capilares y los tejidos, dificultando el aporte de oxígeno y nutrientes. La compresión reduce ese edema y, con ello, mejora el entorno local de la herida, facilitando la cicatrización. En este sentido, no aplicar compresión puede ser incluso más perjudicial que aplicarla correctamente.

En cuanto a la tolerancia, los datos también son bastante claros. Los pacientes suelen adaptarse bien, el dolor disminuye progresivamente con el tratamiento y no se han descrito efectos adversos relevantes cuando la técnica está bien indicada y ejecutada. Esto desmonta otro de los mitos habituales en torno a este tipo de terapia.

Al final, lo que nos dice la evidencia es bastante lógico si lo llevamos al terreno práctico. La diabetes no invalida la terapia compresiva, simplemente exige un abordaje más individualizado, más cuidadoso y mejor valorado. Como profesionales sanitarios, el error no está en usar la compresión, sino en no valorar correctamente al paciente antes de aplicarla.

En muchas ocasiones, el miedo a hacer daño termina privando al paciente de una de las intervenciones más efectivas que tenemos para este tipo de heridas. Y ahí es donde cambia el enfoque, no es una técnica a evitar, sino una herramienta que, bien utilizada, sigue siendo fundamental incluso en pacientes con diabetes.


Referencia

Mosti G, et al. Compression Therapy Is Not Contraindicated in Diabetic Patients with Venous or Mixed Leg Ulcer. Journal of Clinical Medicine, 2020.

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