Cuando inspiramos, el aire sigue un camino que conecta el exterior con zonas microscópicas del pulmón. Si recorremos ese camino en orden, los nombres dejan de ser una lista: cada estructura ocupa un lugar y cumple una función.
Vamos a situar las partes principales del sistema respiratorio, desde la nariz hasta los alvéolos. Esta visión general nos servirá de base para estudiar después cada órgano con más detalle.
Un mapa para situarnos
El recorrido puede resumirse así: nariz o boca, faringe, laringe, tráquea, bronquios, bronquiolos y región alveolar. A lo largo de él, unas estructuras conducen y acondicionan el aire; otras permiten que los gases se intercambien con la sangre.
Los pulmones están dentro del tórax, a ambos lados del mediastino, la región central donde se encuentra el corazón. Debajo se sitúa el diafragma, un músculo fundamental para la inspiración. Antes de mirar los detalles, conviene tener presente esta organización del conjunto. [1, 2]

Figura 1. Vista general de las vías aéreas, los pulmones y el diafragma. Ilustración de Sanidad Creativa Studio.
La nariz y la faringe: entrada y paso del aire
La nariz es una entrada especialmente preparada para recibir el aire. En la cavidad nasal, el revestimiento ayuda a retener partículas, calentarlo y humidificarlo. La boca ofrece otra vía de entrada, aunque acondiciona el aire con menor eficacia.
Si seguimos hacia atrás, llegamos a la faringe. Sus regiones se llaman nasofaringe, detrás de la nariz; orofaringe, detrás de la boca; y laringofaringe, detrás de la laringe. Los nombres nos ayudan a ubicarlas sin necesidad de aprenderlas como términos aislados.
En la orofaringe y la laringofaringe se relacionan las vías respiratoria y digestiva. Después los caminos se separan: el aire continúa hacia la laringe, mientras que los alimentos se dirigen al esófago, situado por detrás. [2]
La laringe y la tráquea
La laringe comunica la faringe con la tráquea. Permite el paso del aire, participa en la protección de la vía respiratoria y contiene los pliegues vocales, conocidos como cuerdas vocales, que intervienen en la producción de la voz.
Al tragar, la epiglotis participa en un cierre coordinado de la entrada laríngea. No actúa sola: la protección depende también de los movimientos de la laringe y del cierre de otras estructuras.
Por debajo continúa la tráquea, que atraviesa parte del cuello y entra en el tórax. Sus cartílagos ayudan a mantenerla abierta. En su revestimiento, el moco y los cilios colaboran en el desplazamiento de secreciones y partículas hacia la faringe. Así, el conducto también participa en la limpieza del aire. [2]
Los bronquios y los pulmones
La tráquea se bifurca en dos bronquios principales: uno derecho y otro izquierdo. Cada uno entra en el pulmón de su lado. Dentro, las ramas se van dividiendo en conductos cada vez menores, distribuyendo el aire por las distintas regiones pulmonares.
El pulmón derecho tiene tres lóbulos: superior, medio e inferior. El izquierdo tiene dos: superior e inferior. Las fisuras son las hendiduras que separan estos grandes territorios. Las diferencias de forma entre los pulmones se relacionan, entre otras cosas, con el espacio ocupado por el corazón.
Los bronquios lobares llevan aire a los lóbulos y las ramas segmentarias lo distribuyen hacia regiones menores. La ramificación continúa hasta los bronquiolos. Por ahora basta con entender la organización; el detalle de cada segmento pertenece a un estudio específico del pulmón. [1–3]

Figura 2. Lóbulos pulmonares vistos por delante y por detrás. Ilustración de Sanidad Creativa Studio.
Los alvéolos y el intercambio gaseoso
Al seguir las ramas más pequeñas, llegamos a la transición entre conducción e intercambio. Los bronquiolos terminales cierran la zona de conducción; en los respiratorios ya aparecen alvéolos en sus paredes.
Los alvéolos son pequeños espacios aéreos comunicados con la vía respiratoria. Su pared muy fina se relaciona estrechamente con una red de capilares, los vasos por los que circula la sangre. Esa disposición permite que el oxígeno pase del aire alveolar a la sangre y que el dióxido de carbono haga el recorrido contrario.
El aire y la sangre no se mezclan directamente. Los gases atraviesan la barrera que los separa. El dióxido de carbono que llega al espacio alveolar se elimina después con la espiración. [2, 4]
Las pleuras acompañan el movimiento
Para entender cómo se mueve el pulmón, tenemos que mirar su cubierta. La pleura visceral recubre su superficie; la parietal tapiza la pared interna del tórax, el diafragma y la superficie del mediastino orientada hacia cada pulmón.
Entre ambas existe un espacio muy estrecho, la cavidad pleural, con una fina película de líquido que reduce el rozamiento. Esta relación permite el deslizamiento y ayuda a que los pulmones acompañen los movimientos torácicos.
Conviene distinguir dos lugares: el aire respirado llega a los alvéolos por las vías aéreas; en condiciones normales no entra en la cavidad pleural. [1, 3]

Figura 3. Relación entre el pulmón, las pleuras y la pared torácica. Ilustración de Sanidad Creativa Studio.
Cómo entra y sale el aire
Durante la inspiración, el diafragma se contrae y desciende. Los intercostales externos contribuyen a ampliar el tórax, los pulmones se expanden y la presión alveolar baja por debajo de la atmosférica. Esa diferencia permite que entre aire.
En la espiración tranquila, la relajación de los músculos inspiratorios y el retroceso elástico favorecen la disminución del volumen y la salida del aire. En una espiración forzada intervienen otros músculos, pero ese detalle no es necesario para seguir el recorrido general. [5]
Cómo repasar el recorrido
Podemos volver al esquema y seguir el aire con el dedo: nariz o boca, faringe, laringe, tráquea, bronquios, bronquiolos y alvéolos. Después preguntarnos qué permite moverlo y dónde se relaciona con la sangre.
Así quedan conectadas dos ideas: la ventilación renueva el aire de los pulmones y el intercambio gaseoso permite el paso de oxígeno y dióxido de carbono entre el aire alveolar y la sangre. Con esta base, estudiar cada órgano resulta mucho más sencillo.
Mira la explicación en vídeo:
Fuentes de consulta
[1] NHLBI. How the Lungs Work: The Respiratory System
[2] OpenStax. Anatomy and Physiology 2e, 22.1: Organs and Structures of the Respiratory System
[3] OpenStax. Anatomy and Physiology 2e, 22.2: The Lungs
[4] OpenStax. Anatomy and Physiology 2e, 22.4: Gas Exchange
[5] OpenStax. Anatomy and Physiology 2e, 22.3: The Process of Breathing
